Tardes de Otoño

Lo que más temo sin duda alguna son las tardes, en especial las de Otoño.

Odio esos malditos tiempos muertos con toda mi alma. El dia se torna marrón con toques de melancolía y desamor, y se deslabaza con la misma intensidad de un plató iluminado por una vela.

Un día se lo comenté a alguien y me dijo que lo que temía era hacerme viejo. Así, con un par. Supongo que sería algún psicólogo argentino con un doctorado en mala leche y tonterías varias. Ultimamente abundan mucho. (las tonterias varias no los psicólogos argentinos, esos llevan abundando en demasia desde que recuerdo).

Creo que he ido formando un totem maligno alrededor de las tardes, poco a poco he ido moldeando su apariencia, conformando detalle a detalle todo aquello negativo de mi alrededor y vistiéndolas cuidadosamente con ello. Les he dado vida propia, una entidad obscura que absorbe la alegria y desprende un olor casi maligno a fatal presagio.

Cuando la luz empieza a cambiar de color noto su perniciosa presencia luchando por materializarse, desperezandose en jirones húmedos que amenezan con inundar todo a su paso. No hay donde huir, sólo plantar cara y esperar que hoy el espejo de Dorian me devuelva un poco de esperanza, y que mi rostro reflejado pase incólume el test de mi alma una tarde más.