La visita

La visita.

Hace tanto calor que cuesta hasta respirar, pensé.

Hacía tan sólo unos instantes que había dejado mi coche en el aparcamiento para visitas de la casa de los Stevenson y ya extrañaba el frio artificial del aire acondicionado.

A mi lado, el jardinero me guiaba a través de una inmensa extensión de césped cortado primorosamente, a los lados, parterres de jazmines y una extraña planta amarilla que no recordaba haber visto antes. Si sentía calor no lo demostraba en absoluto y se movía agilmente enfundado en un mono gris de manga corta.

Cuando llegamos a unos 200 m de la puerta principal se paró en seco y me espetó

-¿Seguro que lo están esperando?

  • Un poco tarde para preguntar eso ¿no le parece?

Noté como se envaraba ligeramente

  • Por supuesto que sí, continué, disculpe, el calor afecta mis modales.

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