La llegada

Casi con pesar, miró a través del cristal de la cafetería en donde se parapetaba desde hacía horas.

Fuera seguía lloviendo con fuerza, y el viento soplaba con una violencia inusitada. La noche había caído y casi no alcanzaba a ver donde había aparcado su viejo ford.

Había creído que podría hacer de un tirón los 500 Km que separaban Dallas del pueblo de Old River, pero no había contado con que le pillara la tormenta del año conduciendo un auto que parecía sacado de un desguace justo antes de que lo redujeran a 2000 Kg de chatarra industrial.

Dentro del café de carretera el ambiente era tranquilo, cálido y despreocupado. Sólo dos camioneros en la barra bebían café y miraban de cuando en cuando el cielo. La camarera salía cada quince minutos a fumarse un cigarrillo al porche. Sonrisa cansada, piernas cansadas, poco maquillaje, algún kg de más (bueno, bastantes kgs de más) y una sonrisa ensayada durante años que no lograba darle alegría a su cara. Debía haber sido bonita en otro tiempo, antes de que la desilusión y la monotonía se instalaran en su cuerpo.

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