Ellos

Corría todo lo deprisa que podía, llevaba haciéndolo un buen rato y notaba que las piernas cada vez me pesaban más, el aire me quemaba en los pulmones y un dolor agudo atravesaba mi costado, pero no podía detenerme, ahora no, si lo hacía no podría seguir y ellos me alcanzarían.

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo sólo de pensarlo.

¿Que coño eran esas cosas?

No lo sabía, lo único seguro era que seguían ahí detrás, cada vez más cerca, jugando conmigo.

Tropecé y caí, me levanté de un salto pero un súbito dolor recorrió mi pierna.

Mierda, pensé, se acabó el correr, ¿Y ahora qué?

Jadeaba como un tren y el sudor me resbalaba por la frente, miré a mi alrededor pero no conseguí divisar un refugio, un escondite, nada.

Sólo me quedaba una opción.